Sabor a Coco

Renaud Dillies

[La Cúpula 2017]

Por Raúl Tudela

En una pequeña casita en medio del desierto viven el zorro Polka y su buena amiga la cigüeña Jiri con su inseparable cítara. Vivirían tranquilos y felices si no fuese por la larga sequía que padecen. Ha pasado mucho tiempo sin que asome una triste nube por el cielo y sin que caiga una sola gota de lluvia, así que no queda otra que iniciar un viaje en busca de agua. Pero el desierto donde habitan Polka y Jiri no es un desierto cualquiera. Está lleno de animales con actitudes extravagantes y de escenarios surrealistas…. un viaje en el que se toparán con un coco que pondrá a prueba su amistad.

Renaud Dillies (Lille, 1972) construye un mundo mágico, plagado de escenarios oníricos en un desierto capaz de transmitir al mismo tiempo sensación de vacío y la de inmensidad.
El escenario y el planteamiento de Sabor a coco nos remiten a pesos pesados de la historieta como el Philémon de Fred o al universo barroco y lisérgico del Frank de Jim Woodring. Pero si hay un referente claro que salta a la vista simplemente ojeando el tebeo ese es el del Krazy Kat de George Herriman. El desierto, los colores, los escenarios poéticos, los animales, la distribución de páginas, la tipografía, y el trazo de líneas finas… todo alude inevitablemente al imaginario de Herriman. Incluso el uso del humor (aunque en el caso de Dillies se trate de un humor más blanco). Eso si la relación de amistad entre Jiri y Polka es mucho menos turbulenta que la relación de amor-odio de los personajes de Krazy Kat. Dillies se centra más en transmitir los valores de la amistad, en reflejar el mito del viaje (no importa tanto el destino como la propia experiencia del viaje en si)….y en la sed, este es un tebeo que da mucha sed durante toda su lectura (tengan a mano un buen vaso de agua).

Dillies confirma las buenas expectativas que habían generado trabajo anteriores como Abelardo (La Cúpula, 2016) firmado a medias con Régis Hautière, o de su aplaudido debut Betty Blues (Ponent Món, 2007), que se llevó el premio al mejor primer álbum en el festival de Angoulême de 2004. En ellos se distinguen ya los elementos comunes de su obra: personajes antropomórficos, el trazo fino y una estructura narrativa anclada directamente en el cuento tradicional y la fábula.