Un lugar equivocado

Brecht Evens

[Sins Entido - 2011]

En varias de las entrevistas que hemos podido leerle a Brecht Evens desde la publicación de su libro (primero en Bélgica, después el mundo), una cosa llamaba especialmente la atención: explica su método de trabajo, minucioso pero espontáneo. Partiendo de un boceto donde ubica los elementos más importantes de la composición, dibuja un fondo en bruto y a partir de allí va añadiendo detalles, sin corregir, pensando en cada momento en las posibilidades de cada uno de los elementos añadidos y en lo que estos le permitirán o no hacer. Este método de trabajo, unido al impresionante arte de Brecht Evens, hace de “un lugar equivocado” una experiencia que quita el aliento primero por su exuberancia, a menudo escapando de los márgenes del tebeo tradicional, siendo sus pinceles lo que empuja y hace avanzar a la historia pero también, forzando una narración que casi siempre se encuentra a remolque de sus maravillosos dibujos.

La historia de “Un lugar equivocado” podría dividirse en tres partes. La primera de la cuales es la más interesante del lote: una reunión de viejos amigos en casa de Gary. Los personajes empiezan a llegar y todos esperan la aparición del popular Robbie para que les ilumine y empiece de verdad su noche. La no-presencia de Robbie es desde el principio el protagonista de la velada, como si se tratase de Kurtz en “Apocalypse Now!”. El trabajo de Brecht Evens en esta primera parte es sencillamente magistral. La construcción del protagonista mediante esa elipsis, su capacidad para cambiar de espacio dentro de la casa (de la cocina al comedor, por ejemplo), sin apenas necesidad de mostrar uno o dos elementos de cada habitación, o los colores elegidos para explicar cada personaje es impresionante. Cuesta creer que no haya una planificación mucho más férrea que la que el autor explica.

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El principio del segundo bloque nos prepara para la aparición estelar de Robbie. Naomi se siente un poco patito feo y se prepara para ir a la discoteca habitual de Robbie. Hasta ahí perfecto, pero al contrario que el Kurtz de “Apocalypse Now!”, la aparición del protagonista es algo decepcionante. De repente toda esa elipsis se muestra como lo que realmente es: Robbie es ¿simplemente? la pieza clave para que todo lo demás ocurra, pero en ningún momento consigue conectar con el lector. Para mí es en este punto donde el tebeo empieza a perder algo del fuelle inicial. El protagonista es usado como excusa para un dibujo que le arrastra y la historia pierde algo de interés respecto a las escenas que nos muestra. A Brecht Evens se le va un poco de las manos esa exuberancia, hasta entonces el punto fuerte del tebeo, con la entrada en la discoteca. Da la sensación de que se abandona a sus apetencias como dibujante dejando en un segundo plano la historia. No es hasta las dos últimas páginas del bloque que la cosa vuelve en sí. ¡Y de que manera!

El principio de la tercera parte, con esas dos últimas páginas todavía en la retina, son lo mejor de tebeo. Recupera al personaje de Gary, un hombrecillo gris (de color y vida) que acaba convirtiendo a Robbie en el ególatra Peter Pan que desde el principio era. Robbie se dedica a dar lecciones de vida a un Gary que, como todos, querría ser algo más de lo que es sin atreverse. A partir de aquí, el tebeo vuelve a dejarse llevar por Robbie y perder otra vez fuelle con escenas que permiten lucirse a Brecht Evens como dibujante pero que llevan a la historia a un clímax un poco extraño. Todo vuelve a su curso inamovible, Gary sigue siendo un tipo normal y Robbie apenas una excusa para que los demás tengan una noche especial que les de vidilla el resto de la semana, un punto de fuga en unas vidas más grises pero más vivas y un mal necesario para hacer avanzar un tebeo excepcional.