110.000 asistentes (o más) dicen que pasaron por el salón que ya no es salón. Otra edición más del Cómic Barcelona donde lo que más claro nos ha quedado es que los pasillos ahora sí que son amplios de verdad, no como cuando o te estrujabas o te caías a las vías de las ediciones en la Estació de França. Ahora hay mucho espacio, espacio para pasear, y para que no te de sensación de agobios ni el sábado, ni el domingo. ¿Ciento diez mil visitas? puede ser, espacio de sobras hay, incluso para crecer mucho más.

Lo que no está tan claro es en qué dirección lo va a hacer. Este año la novedad en la ampliación era un espacio dedicado a la Fantasía y la Ciencia Ficción: la Zona Utopía, géneros vinculados a los tebeos, aunque sea por eso de la ‘cultura friki’. Más fantasía que Ciencia Ficción, con exposición dedicada a Mad Max incluida, lástima que no aprovecharan la presente edición para hacer un guiño al  galáctico de Douglas Adams. Había también una expo sobre brujas, muy bonita, todo por autoras de ahora. Las autoras de antes, aquellas que fueron la base, y fueron más que olvidadas también tenían una pequeña exposición más que interesante centrada sobre todo en la figura de Trini Tinturé, que ganó el premio a la trayectoria el año pasado (casi póstumo). Solo con esa exposición uno ve lo mucho que hay para excavar sobre el tema. Pero bueno, el patrimonio de los tebeos nunca ha gozado de mucho interés público.

Original de ‘El sulfato atómico’ – Exposición dedicada a Ibañez

La exposición fuerte era Nuestro Ibañez, el homenaje a Ibañez. Esos originales eran oro, una gozada, y una lástima que no tenga un museo donde se le pueda recordar de forma continua. Había más exposiciones, como la del ilustrador Tomás Hijo, y mucha reproducción digital de varios temas. También había muchas actividades, hecho que dejaba patente que hay un esfuerzo por crear una agenda variada y completa, en este caso incluso se podía asistir a sesión maratoniana de cine en colaboración con el Sitges Film Festival.
Pero es complicado encontrar el equilibrio en un evento que es comercial y que es cultural a la vez. Un evento que sabe que lo más importante son los autores, lo que mueve a la gente y lo que mueve el salón, y que entiende que son sus editores los que quieren y deben gestionarlos. Autores firmando  , de todos los gustos, y con colas más o menos largas; Paco Roca, Emma Ríos, Albert Monteys, Carla Berrocal, Jaime Martín e internacionales como Posy Simmonds, Beto Hernández, Liberatore… la lista es larga y de calidad . Pero ya no estaba Ibañez. Una ausencia que desgraciadamente se nota. Hay stands de merchandising muy variado, la zona Nintendo que es un clásico (a la que cada vez le veo más sentido). Como a las nuevas secciones de fantasía y CF, o la que no saben si ampliar o no de juegos de mesa. Porque hay mucho espacio en los pasillos, y hay que llenarlos de público, hay que buscar formas de atraerlos… Pero no solo es necesario atraer público; hay muchas editoriales que a pesar de los cambios y de la nueva dirección tomada han decidido no venir. No les sale a cuenta. Y si faltan muchas editoriales medianas o pequeñas, empezará también a faltar su público, o el público que iba al salón para encontrar esos tebeos que no encontraba en la librería. 
Este año el tebeo ganador del premio del salón, La alegre vida del triste perro Cornelius de Marc Torices no se vendía en el salón , al menos por su editorial, y se podía encontrar raramente en pocas de las librerías presentes. Asistentes clásicos como Amaníaco ediciones, pequeñas como Grafito editorial, más independientes como Apa Apa Comics, o las especializadas en manga como Ivrea, Milky Way

Hay que encontrar un equilibrio, quizás las promociones de los mega estrenos de superhéroes no estaban tan mal para atraer gente. Si el cómic y sobre todo, sus autores son siempre el centro, el sumar atractivos para que más gente se pasee también entre tebeos, y los compre puede ser positivo. Pero es un difícil equilibrio el que ha de buscar Ficomic, y que empieza a ser urgente. El Manga les funciona como evento lúdico, ha encontrado un público y una mezcla de ingredientes que funciona. Con el cómic parece más complicado, han conseguido que los tebeos, que sus autores, sean el centro, ojalá eso siga siendo suficiente, pero las sensaciones son otras.

Mientras, pues disfrutar de la amplitud de los pasillos, de poder acercarse a los stands sin mucho empujón, del contacto con los autores, de las charlas amenas, de las expos que siempre dan ganas de más profundidad y hace cada vez más patente la ausencia de un museo de referencia. Y reconocer que los plásticos para las chapas se habían agotado el domingo por la tarde.

 


Palmarés 42º Cómic Barcelona

Gran Premio
Marika Vila

Premio votación popular
Durante la tormenta, de Pablo R. Coca

Mejor obra de Autoría Española
La alegre vida del triste perro Cornelíus, de Marc Torices
Apa Apa Cómics

Mejor obra de Autoria Extranjera
Patos. Dos años en las arenas petrolíferas, de Kate Beaton
Norma Editorial

Mejor cómic infantil y juvenil
Molly Wind: Bibliotecarias a caballo, de Catalina González Vilar y Toni Galmés
Norma Editorial

Premio Miguel Gallardo al Autor/Autora Revelación
César Sebastián

Mejor Fanzine
Zasca! Cómic de VV.AA.