Crónica del Salón del Cómic 2018

Por Raúl Tudela

El salón del cómic cerró a penas hace una semana su edición número 36. Saldada con el habitual éxito de público (118.000 visitantes, según la organización) destacó en esta ocasión el notable cambio de rumbo que parece haber adoptado la nueva dirección del certamen. Quienes por ahí pasamos pudimos contagiarnos de un cierto aire renovado que se hizo patente tanto en la disposición de la oferta expositiva, como en la distribución de espacios, en las nuevas incorporaciones en las actividades o simple y llanamente con el trato dispensado a autores y profesionales del cómic.
Bajo la amenaza de algunos modelos arraigados en las norteamericanas Comic Conferences (Comic-Con) que parecen estar cogiendo fuerza en el resto del territorio, El Saló Del Cómic de Barcelona debería tratar de recuperar su esencia (algo que las ediciones anteriores enterraron bajo una oferta demasiado centrada en el aspecto lúdico) y combinarla con modelos de éxito, mirarse en el espejo del Festival de Angoulême que ha sabido crecer sin traicionar -demasiado- sus raíces parece el camino. Apostemos por que esa sensación que pareció percibirse en el ambiente de esta pasada edición se convierta poco a poco en una realidad.

De nuevo a principios de abril, con la primavera recién estrenada, sea lo que sea que eso significa en estos tiempos de antropoceno, y cercano a la diada de Sant Jordi, otro salón del Cómic de Barcelona ha tenido lugar, esos cuatro días que centran la atención de todos los medios en el mundo del cómic. Repetía emplazamiento en la fira de Montjuic, lugar ya más que consolidado y que parece difícil de mejorar. Aunque cada año la disposición espacial tiene sus diferencias y mejoras, los requisitos de seguridad han ampliado los espacios, y las sensaciones de aglomeración y agobio son ya cosas del pasado (quién recuerda ya las estrecheces de los andenes de la Estación de Francia). Ahora los problemas son otros, a veces con tanto espacio entre stands, y entre exposiciones, la cosa se desluce un poco, y desde luego la cantidad de kilómetros que se recorren deambulando por el Salón no son despreciables, lástima que no se pueda acceder con patinete.


Con espacio de sobra, las exposiciones este año volvían al pabellón 4, que es el que menos ambiente de garaje tiene y donde pueden estar más arropadas, y se complementa con el pabellón 5. Allí al lado de la entrada de los acreditados estaba la exposición dedicada a Jack Kirby, con una treintena de originales de esos que quitan el hipo, con sus tradicionales figuras desde puntos de vista inverosímiles.

Otra de las exposiciones centrales del Salón de este año era la de las Revistas de los 80, una maravilla con originales de un gran conjunto de autores que transformaron el cómic adulto en este país, ordenados alfabéticamente. Un buen ejemplo de cuanto talento hubo en aquellas revistas, de las que había expuesto los números 1 de todas, y todos juntos allí, lagrimitas de nostalgia. La exposición central era la dedicada al aniversario de Super López de Jan, protagonista absoluto del Salón de este año con cártel, charlas, y película en ciernes. Una colección de originales de Super López de todas las épocas ordenados por temáticas, que como fan de Jan, nos dejaron con la boca abierta y con ganas de más. Allí nos podríamos haber quedado a vivir.

Luego las tradicionales exposiciones de los ganadores del año anterior. El gran premio del 2017Josep Maria Martín Saurí, y unas páginas de mitologías nórdicas y griegas de quitar el aliento. La de mejor obra de autor nacional, Jamás Tendré 20 años de Jaime Martín, que presentaba el proceso de creación del cómic. Más que originales, en la muestra se podían ver estudios, páginas del guión, o toda la parte de documentación. Algo similar ocurría con la muestrea dedicada al premio autor revelación, dedicada a  Javi Rey Intemperie, con muestras de trabajos anteriores y del sobre todo del trabajo que le valió el premio. En ambas, el tema de que ahora muchos originales solo tengan existencia digital, con lo que eso conlleva de dificultad a la hora de exponer trabajo, estuvo muy bien resuelto y las exposiciones quedaron muy bien.
La exposición dedicada al premio al mejor fanzine no estaba junto al resto, sino en la zona de expositores, cerca de los fanzines y la artist alley, un emplazamiento que no estaba mal y creo ayudó a dar visibilidad a los originales de Paranoidland, un excelente fanzine con el espíritu del underground ahora editado en tomo por La Cúpula.

Exposición dedicada a Jaime Martín

Alguna exposición más, como la de Dibujos por Sonrisas, que iba evolucionando en vivo con dibujos que se subastaban para la ONG, la de la Escola Joso, la del concurso escolar, donde destacaba la pequeña muestra de los ganadores de la Beca Carnet Jove, unas tiras cómicas de alto nivel gráfico y de guión, esperemos alguna editorial coja el relevo y les editen trabajos en papel, como antes tuvieron la oportunidad Aleix Saló o Moderna de Pueblo, autores superventas que disfrutaron de esta beca.

Una vez vistas las exposiciones uno podía aparecer en el amplio espacio de los expositores, y una de las grandes diferencias con ediciones anteriores ha sido la gran racionalidad en la distribución de los stands, que están dispuestos por temáticas, con lo que era fácil dirigirse a la zona de merchandising, a la de librerías, fanzines, artistas, las de material de dibujo, las pequeñas y las grandes editoriales, que cada vez optan más por crear su propio espacio cerrado. Todo muy espacioso y fácil de orientarse. Algo que ayuda mucho a moverse por el salón, y ver las colas de firmas. Si es fácil moverse y acercarse a los puestos, aunque no haya mucho más público este puede mirar, tocar y comprar con más facilidad, esquivando con tranquilidad la siempre interminable cola de firmas de Ibañez. Parece que eso lo notan los que llevan stands y las ventas no han sido malas. Esperemos que este nuevo planteamiento y lo que haga falta ayude a volver a traer al salón muchas pequeñas y grandes editoriales que no vienen, y es que la fragmentación del mercado editorial hace que haya ausencias significativas y se les echa en falta.

Ana Penyas con los fans

Por otro lado, la racionalidad en el uso del espacio, también se ha visto en los planteamientos de la nueva dirección, que en un año de transición y de contracción tras años expansivos, han centrado de nuevo el salón en el cómic, olvidándose de coches y aviones. Centrándose en los autores, que estaban muy cuidados y contentos, cosa que se nota en las sesiones de firmas y en las charlas. Charlas en buenas salas de conferencias, muy cuidadas, con traductores de quitarse el sombrero y que resultaron un éxito de público. Cuidando los detalles de lo esencial, que son al fin y al cabo los artistas, que es lo que el público del cómic busca, los recortes y los ajustes de este año no han importado tanto.

Comic Kids

Otro de los aciertos de este año ha sido la nueva zona ComicKids, un espacio amplio con muchas actividades para los niños: Una piscina de Lego, un taller de chapas, donde dibujar tu propia insignia, varios talleres de cómics, una zona de biblioteca con cuentacuentos. Todo en un espacio grande y donde realmente los chavales podían pasar horas. Algo que se había ido descuidando en contra de un público familiar que puede ahora de nuevo considerar de nuevo al Salón del Cómic como una alternativa para los peques de la casa. Atrás queda la pecera con los cómics como mera coartada que hacía las veces de guardería mal improvisada.

Más cambios, la entrega de los premios, desplazada a el viernes al mediodía, para que las editoriales de los ganadores tengan más margen para moverlos. Con un jurado final y dos vueltas de votaciones. Parece que han funcionado. Gran premio de salón para Laura Pérez Vernetti. No ha habido sorpresas en el revelación para Ana Penyas por su Estamos todas bien ni a Ángel de la Calle por su Pinturas de guerra, ambos indiscutibles. Tampoco se puede discutir la calidad de El arte de Charlie Chan Hock Chye de Sonny Liew aunque quizás también lo habría merecido Olivier Schrauwen. Los Diletantes se llevó el premio al mejor fanzine, y el de votación popular Alma Cubrae de Gonzalo Torné, Sergio Sandoval y Mado Peña (ver aquí el palmarés).

Un salón que me ha parecido mucho más medido en sus ambiciones, que ha sabido recuperar el protagonismo de los tebeos y que con este cambio de rumbo apunta a una buena dirección, veremos cómo se desarrolla, que algún rumor sobre su futuro siempre corre por los pasillos, como en cada edición. También quedan problemillas por resolver, por ejemplo el tema entradas: 10€ es ya un precio a considerar, sobretodo si piensas en una familia de 4 personas, por poner un ejemplo, para entrar en una feria donde sabes que seguro va a haber más gastos (y de eso se trata), y que luego no vas a poder salir para volver a entrar. Con lo que o minimizas tu estancia, y por tanto el tiempo que van a tener para gastar dentro, o implica que vas a tener que comer y sobrevivir allí dentro. Y la oferta de los bares de la feria no es ni barata ni de una alta calidad. Cierto que están los foodtrucks, pero están situados en una zona en la que hacen falta más sillas y mesas, y si pasa como el sábado, la lluvia hace prácticamente imposible salir a comer al aire libre. Y es una lástima porque esa plaza tiene mucho potencial como espacio para ampliar las actividades del salón. Puede ser que el precio sea algo de difícil solución, pero el que se pueda entrar y salir del salón no debería serlo, más cuando no se han visto aglomeraciones y el público es bastante diferente del del salón del Manga, hay que facilitar la estancia al público y darle flexibilidad a esos precios.

Por último están las famosas cifras de asistencia, la organización estableció en 118.000 el número de asistentes para la recién cerrada edición. Pero es un gran éxito que en año de cambios y de transición, de reajustar todo, y compensar la cantidad con calidad, se haya conseguido mantener el interés del público,. Y eso que no era sencillo, con lluvias, manifestaciones y alternativas como el Món Llibre compitiendo por la atención del público.

En resumen, un salón que siguiendo el camino de una fórmula bien establecida, está en plena transformación para reescalarse de nuevo, recuperando esencias que no debían haberse perdido y conservando los aciertos de años de experiencia.
Los autores, los expositores y el público en general han quedado contentos con está última edición, que ya apunta algunos cambios que ilusionan para la próxima edición, que ya tiene fechas, del 4 al 7 de abril de 2019. Allí nos vemos.