Entrevista a Tillie Walden

Por Marc Charles

No todos los días se tiene la oportunidad de entrevistar a una autora del calibre de Tillie Walden (New Jersey, 1996) y, aprovechando su presencia en el 36º Saló del Còmic de Barcelona, la ocasión la pintaban calva. Su cómic autobiográfico Piruetas (La Cúpula, 2017) estaba nominado en la categoría de Mejor obra extranjera y los redactores de esta web la votaron como Mejor obra internacional publicada en nuestro país en 2017. No había excusa. Fue media hora de conversación que pretendía ser ordenada. Este es el resultado, un anárquico repaso a su carrera historietística.

Si el lector complementa la lectura de esta conversación con las otras que ha mantenido la autora con Gerardo Vilches en Madrid, Anna Abella, también en el Saló, y las transcripciones de las mesas redondas en Barcelona por parte de Iván Galiano, se puede componer un retrato absoluto de una autora que, pese a su corta carrera -apenas lleva tres años publicando-, acumula en su haber más de 1.000 páginas de historieta. En otoño llegará a las librerías la edición en papel de su webómic, On a sunbeam. La editorial colombiana Cohete Cómics publicó en 2017 su segunda obra, Esta parte me encanta.


¿Cómo empezaste a dibujar cómics y cuáles fueron tus primeras lecturas?

Lo primero que leí fue manga. El Buda de Osamu Tezuka y Hunter x Hunter de Yoshihiro Togashi. Más tarde, mi padre empezó a comprarme novelas gráficas como Blankets de Craig Thompson, Stitches de David Small, Fun Home de Alison Bechdel o Maus de Art Spiegelman. Sin embargo, todos estos cómics maravillosos no me inspiraban a dibujar, hasta que a los 16 años, hice un taller de cómic con Scott McCloud y este me dijo que tenía que dedicarme a ello. Así que, al terminar el instituto me puse intensamente a hacer historietas y ya no paré. Acabé en el Center for Cartoon Studies, donde mi vocación acabó de forjarse y salí con la imperiosa necesidad de dedicarme a ello el resto de mi vida.  

El esplendor de On Sunbeam

 

Entras en el CCS y empiezas a publicar.

Sí, bueno, cuando aún estaba en el instituto me escribió Ricky Miller, el responsable de la editorial británica Avery Hill, para preguntarme si podía publicar alguno de mis trabajos que iba subiendo a la web. Le dije que no porque aún estaba en el instituto. Un año más tarde, cuando ya estaba en el CCS me volvió a contactar y me dije, sabes qué, ahora estoy en un escuela especializada en cómic, así que hagámoslo. De modo, que durante las tardes hacía los deberes de la escuela y a primera hora de la mañana trabajaba en las novelas gráficas que me tenían que publicar. Y lo llevaba todo lo mejor que podía.

 

En otras entrevistas mencionas que cuando creas ficción no escuchas demasiado los consejos de otra gente, pero fue distinto con Piruetas.

Por supuesto, fue muy distinto. Cuando escribo ficción es como montar en una montaña rusa, pura diversión, pero cuando escribo  no ficción y, especialmente cuando es algo completamente personal como Piruetas, es emocionalmente agotador trabajar en ello cada día. Además, fue un trabajo muy arduo transformar los pequeños acontecimientos que conforman mi existencia en un relato seriado. La vida no se almacena de manera tan ordenada como en un libro, así que, después de un mes intentando  escribir Piruetas, me di cuenta de que necesitaba ayuda. Así que, tiré de James Sturm, que da clases en el CCS que me ayudó muchísimo, y de la escritora Jo Knowles [nota del entrevistador: estuvo durante un semestre de curso 2015 como profesora externa en el CCS]. También conté con  el apoyo de amigos y de la familia, de todos aquellos que necesitaba que comprendieran el enorme esfuerzo que implicaba aquello en lo que estaba trabajando. Y tuve una editora que, básicamente, me ayudó a darle forma al libro. En la a primera versión de Piruetas entregué unas 100 páginas en blanco y negro y, a partir de ahí, construimos el libro que ahora tienes entre las manos. Fue un martirio.        

 

Me encantan esas splash pages en las que el tiempo se congela. Me parecen un recurso precioso.

Cuando tienes recuerdos no te acuerdas muy bien de lo que pasó, más bien retienes un momento, una imagen de manera muy nítida, y me parecía que tenía que detenerme en esos instantes.

 

On a Sunbeam


Parecía que Piruetas podía ser tu trabajo más personal, pero en tus cómics en Patreon parece que vas más lejos, en lo que se refiere a explicar tu vida personal. ¿Te pones algún tipo de límite a la hora de mostrar tu vida privada?

Los cómics que subía a Patreon eran muy íntimos, pero no los ha leído mucha gente [261 personas pagaban y podían leer estas historietas]. Es curioso porque la gente que me patrocinaba, leía los cómics y se preocupaba por lo que me ocurría, era algo muy intenso, pero al no estar publicados en papel, la mayoría de lectores no tiene acceso a ellos. Es algo muy loco porque algunas de las historias son muy personales, muy directas y las hacía mientras me iba ocurriendo aquello que explicaba. Así que, mientras que Piruetas me llevó mucho tiempo acabarlo, los cómics que hacía diariamente explicaban lo que me había ocurrido el día anterior y eran muy vivos. Es complicado, tienes que confiar en ti. Si dibujo algo y no me siento cómoda, es que no puede ir en un cómic. Si me siento cómoda dibujando algo, normalmente significa que ya lo he procesado suficientemente como para poder plasmarlo en viñetas. En cambio, si dibujo algo y dudo, significa que no funcionará. Hay muchas vivencias que nunca estarán en un cómic.

Summer is the Worst

 

 

¿Pero esta sensación la tuviste con Piruetas?

No podía dibujar, tuve verdaderos aprietos, pero sabía que no era porque no estuviera preparada para hablar de ello, sino que era por otra razón, estaba aterrorizada. Como te decía, es algo peliagudo, tienes que confiar en tu instinto conforme avanzas, ir desentrañando.

 

En ese sentido, tal vez estudiar en un centro como CCS haya sido importante para ti.

Oh sí. Quiero volver y estudiar allí otra vez (risas).

 

Siempre puedes ir a enseñar.

Sí, exacto (risas). La mejor manera de mejorar como historietista es dibujando cómics y en CCS dibujas a tiempo completo cada día del año, no importa quién seas, qué tipo de cómic hagas, tu nivel o la habilidad que tengas. Si te esfuerzas en hacer algo cada día, acumularás un gran volumen de trabajo que te ayudará a mejorar, además de hacer una gran cantidad de historietas. En la escuela me enseñaron a usar el Photoshop. No tenía ni idea de colorear antes de ir al centro. Me enseñaron diseño, escritura, dibujo figurativo, todas esas pequeñas cosas que están luego en tus cómics y que son lo que los engrandecen. Además fue una experiencia muy divertida. Fue la bomba. Hice buenos amigos, tuve buenos maestros y me encantaba vivir en Vermont. Lo tenía todo.

La Princesa Mononoke y Nicky según Tillie Walden

 


Hablando de color, acabo de leer On a sunbeam y es una explosión de color, muy Miyazaki, al mismo tiempo.

Lo es.


Esas naves interestelares que son peces y que ya aparecen en A city inside.

¡Bien visto! En cierta manera, A city inside es precursora de On a sunbeam.


En tu primera obra, The end of summer, ya hay elementos autobiográficos.

Es casi imposible escribir ficción y que no contenga de una manera u otra, algo de ti misma. Algunas veces pueden ser más obvias, pero, sí, hay mucho de mi en el libro y no solo el hecho de tener un hermano gemelo como el protagonista.   


I love this part es muy Winsor McCay.

Sí, totalmente. Además, McCay es otra influencia. De niña ya leía Little Nemo.

 

Página del nuevo proyecto de Tillie Walden.

¿Qué aprendes con cada proyecto?

Lo que es interesante, cuando pienso en todos los trabajos que he hecho hasta el momento y los pongo uno al lado del otro, es que puedo ver muchos puntos en común entre ellos a pesar de ser distintos. Y hay mucha variedad. Me refiero a que que cada vez que he terminado un libro, en mi siguiente proyecto he intentado hacer algo completamente distinto. Así, después de The end of summer tenía ganas de hacer algo en color y centrarme en momentos más pequeños, no grandes acontecimientos, e hice I love this part. Y después me dije, que se joda el color, quiero escribir poesía, y engendré A city inside. Y luego, a la mierda la ficción, quiero hacer autobiografía; y después, ciencia ficción. Parece que en cada proyecto exploro un nuevo espacio y siempre intento embarcarme en algo que sea justo lo contrario de lo que estuviera haciendo justo antes. Y cada vez aprendo más sobre dibujo, escritura y sobre mi. Cada libro que hago me lleva a algún sitio nuevo. La novela gráfica en la que estoy trabajando ahora mismo es muy distinta de todo lo que he hecho hasta anteriormente.


He visto una página en tu cuenta de twitter.

No sé si estoy autorizada a hablar de este proyecto (risas).

Un trazo muy redondeado.

Sí, lo es.

Tille Walden simplifica el trazo


En algunas de tus entradas en Patreon te dibujas con un trazo mínimo, cabeza circular y ojos grandotes, muy simple, como
Sophie Yanow.

Totalmente. Sophie es una muy buena amiga. Tiendo a simplificar mi trazo y eso es muy importante para mi, porque me dedico ocho horas diarias a dibujar y es mucho más ameno e interesante para mi tener la sensación de que puedo cambiar y dibujar algo de manera completamente distinta. Es muy pesado tener que dibujar una y otra vez la misma cara. Me gustan los cambios y tengo muchos años por delante y quiero  que esto siga siendo interesante.


Hablando de Sophie, ¿te ves haciendo cómics periodísticos?

No, no puedo. No creo que sea suficientemente lista para hacer periodismo. Además no creo que pueda aportar mucho en ese campo. Siento que tengo algo que decir en el campo de la ficción o la autobiografía, pero en lo que respecta al periodismo, el mundo es demasiado loco y complejo, y aún no lo acabo de pillar. En cambio, Sophie es toda ella periodismo y no puedo evitar sentir admiración por el hecho de que pueda hacer lo que hace de manera tan fácil. El periodismo no está hecho para mi por ahora, pero quién sabe.

También has impartido talleres en escuelas e institutos.

He dado talleres sobre cómic, he hecho conferencias a raíz de mis obras y he impartido incluso alguna clase sobre dibujo. Tengo sentimientos encontrados con la enseñanza, porque es algo que me gusta mucho, pero te ocupa demasiado tiempo y te obliga a darlo todo con los alumnos, te deja exhausta y muy cansada. Pero sé que mis alumnos aprenden mucho, así que vale la pena, aunque sea duro. Dibujar es fácil, enseñar es complicado.

No leo cómics, sólo novelas, porque ya los dibujo todo el día. No me relajo con un cómic


¿Eres muy estricta con tu rutina de trabajo?

Sí, muy estricta. En serio, hoy tengo que dibujar siete páginas y media y no sé cuándo lo haré, pero tengo que hacerlo porque eso es exactamente lo que hace que todo funcione. Además, la cosa se complica porque, conforme mi trabajo adquiere más popularidad, más ofertas recibo para participar en proyectos atractivos en los que me apetece mucho trabajar, pero me veo obligada a declinar por falta de tiempo.

¿Te sientes afortunada?

Sumamente afortunada. Puedo hacer lo que quiero y pagar mis facturas, algo que casi nunca ocurre. En esta industria, la mayoría de la gente tiene que hacer algo que no le gusta para tener el dinero que necesita para vivir. Yo tengo total libertad creativa y puedo vivir bien. Estoy muy agradecida.

Cambiemos de tema. ¿On a Sunbeam, lo dibujaste a lápiz o directamente en digital?

No, soy incapaz de trazar líneas con el ordenador, lo único que puedo hacer es colorear. Es muy difícil. Y me gusta demasiado el papel. Así que todo es rotulador y tinta. Tengo una pila gigante de papel (risas).

Piruetas


On a Sunbeam parece mucho más improvisado y en cambio Piruetas se nota mucho más rígido, en cuanto a proceso de escritura.

Piruetas es música clásica y On a Sunbeam es jazz. En efecto, con Piruetas no había mucho espacio para cambiar algo o ir hacia alguna dirección distinta, como es lógico y normal. En cambio, con On a Sunbeam podía decidir en cada momento hacia dónde quería tirar. Podía hacer lo que me diera la gana, porque el tema es que tampoco ganaba dinero con ello, lo iba subiendo a la web y eso era todo. Si alguien quería me podía dar algo de dinero, pero era anecdótico. Con Piruetas había un contrato firmado, me habían pagado un adelanto, estaba todo más pautado. Sinceramente, gané más dinero aunque también fue mucho más duro. Con On a Sunbeam, no hice mucho dinero pero fue mucho más divertido. Es un equilibrio delicado. 

On a Sunbeam

On a sunbeam podría ser el primer volumen de una saga.

Muchos lectores me preguntan si haré algo más. Podría seguir. Me gustan mucho los personajes. Son frescas y valientes y podría hacer muchas cosas con el universo en el que viven. Cabría la posibilidad de que ocurriera.  

Está protagonizado por mujeres y todas las relaciones se salen de lo heteronormativo.

Quería que fueran mayoría. No hay un solo hombre en el libro. Cuando empecé a dibujar la historia me dije, espera un momento, he pertenecido a una minoría toda mi vida por el simple hecho de ser lesbiana. Quiero formar parte de la mayoría por una vez. Y creo que mucha gente conecta con este aspecto del libro, porque es maravilloso sentirte una más y no la que es diferente. Tu eres parte del grupo, eres como las demás.

 

Piruetas es música clásica y On a Sunbeam es jazz

¿Como ha quedado On a Sunbeam en papel? 

No he tenido mucho trabajo con la adaptación a papel, pero el libro tiene unas 600 páginas.

Me encanta el capítulo seis en el que no hay ni una palabra.  

Me volví loca porque había un pasaje en el que una de las personajes decía algo y lo quité. Quería silencio absoluto. Me encanta ese capítulo. El silencio es genial.

Algunas de tus historietas en Patreon me han recordado mucho a Sam Alden. ¿Te ha influido su trabajo?

Página de Backyard, historieta dibujada por Sam Alden en 2013.

Leía sus cómics cuando iba al instituto, que era justo el momento en el que empezaba a despuntar y se le consideraba como el nuevo talento joven y me dije a mi misma que yo quería ser la siguiente. Fue una gran influencia. Su trabajo a lápiz es tan sugerente en todos sus detalles… Era una fan total en el instituto. ¿Y sabes qué? No lo conozco en persona. Es un buen amigo de Sophie, que ahora enseña en CCS, así que se mueve por los mismos círculos en los que me muevo, pero nunca hemos coincidido. Así que Sam, ven a buscarme (risas).   

Otro aspecto de tu obra que me parece muy interesante son esos collages dibujados que subes últimamente a la red.

Hice esos dibujos en un momento de mi vida en el que me tomé un descanso de hacer cómics. Toda mi energía creativa la canalizaba hacia mi cuaderno de dibujo. Me gustaría hacerlos de nuevo, pero necesitaría dos meses en los que no tuviera que dibujar cómics, porque no puedo hacer las dos cosas a la vez. Me gustaría encontrar la manera de conjugarlos, porque me encanta el estilo y me gustaría desarrollarlo un poco más.

La biblioteca de CCS con la mesa donde trabajaba Tillie Walden

¿Te consideras más una autora de cómics o de novela gráfica?

Para mi es la misma cosa. Yo dibujo cómics, así que me considero una historietista [cartoonist en inglés]. Y he estudiado en el Center for Cartoon Studies, así que me gusta el término, porque me conecta con aquello. Cuando estaba en la escuela, me encantaba dibujar en la biblioteca, uno de los mejores sitios en los que hacerlo. Me sentaba en la única mesa que había y estaba completamente rodeada de cómics. Era fenomenal.


¿Descubriste a muchos autores?

Sí. Había un montón de cómics que no conocía porque no tenía acceso a ellos. Los cómics son caros, ¿veinte dólares por una novela gráfica? No me lo puedo permitir, y menos si soy una simple estudiante. Así que en la escuela conocí a un montón de dibujantes europeos y de autores de manga que no había visto antes. Hay tantos.

Piruetas

¿Estudiaste historia del cómic en Vermont?

Con Stephen Bissete. Sus clases eran salvajes. Stephen lo sabe absolutamente todo sobre cualquier cosa relacionada con el cómic. Él nos guió a través de la historia mundial del cómic… y del mundo. Fue una locura. Cuando empecé en el centro, no sabía ni siquiera que era el Comics Code. No tenía ni idea.  


¿Cómo te sientes visitando Barcelona por primera vez y estando nominada al premio a la mejor obra extranjera?

Es un verdadero honor, es muy guay estar aquí y me siento muy querida.  


¿Se te hace raro hablar de Piruetas dos años después de terminar el libro?

Un poco, porque cuando salió Piruetas estuve de gira de promoción durante unos meses y todo lo que hice fue hablar sobre el libro. Una vez finalizado el tour, retomé el trabajo y seguí adelante. Ahora mismo, Piruetas pertenece al pasado y se me hace raro hablar de ello, especialmente mientras estoy trabajando en este nueva obra. Mentalmente estoy en mi habitación de hotel sentada, recordándome que tengo que centrarme en este nuevo proyecto. Además, no tengo copias de lo que estoy haciendo estos días y si pierdo la bolsa, lo pierdo todo.

Las redes sociales son malas para la mente creativa. Te absorben y reclaman toda tu atención


¿Qué tienes ahora mismo en tu mesita de noche?


Acabo de comprarme un libro nuevo. Me encantan las novelas policíacas, aunque nunca haya escrito una. El título es Deception, es muy interesante. Sin embargo, ahora no recuerdo el nombre del autor. No leo cómics, sólo novelas, porque ya los dibujo todo el día. No me relajo con un cómic. Tengo que leer novelas.

¿Pero sigues el trabajo de otros dibujantes?

 Mmmm, no, porque no sigo demasiado las redes sociales, ya que son el demonio, y no hay otra manera de mantenerse informada, creo. Las redes sociales son malas para la mente creativa. Te absorben y reclaman toda tu atención. Estás constantemente en ellas y, en realidad, no te hacen feliz. Es terrible. Leo muchas novelas. Hace poco, leí  Manhattan beach de Jennifer Egan y me gustó mucho. Me encanta ir a la sección de ficción o de novela policíaca de una librería y elegir.

Peter Kuper viene la próxima semana a Barcelona. ¿Quieres que le devuelva el billete falso de 100 dólares?

¿Cómo lo sabes? (risas) ¡Oh, Dios mío! Es muy curioso que conozcas la anécdota. Creo que solo he hablado de ello en un podcast, el de Nicole J Georges. Para los que no conozcan la historia, Peter Kuper me pagó con dinero falso cuando trabajaba de limpiadora en un hotel de Vermont. Y no, nunca he vuelto a coincidir con él. Estoy muy cabreada. Se amable con las empleadas de hotel. Es muy duro tener que limpiar habitaciones. No mola, tío. Eso no mola nada, Peter. Por favor, no pagues con dinero falso a las chicas de la limpieza cuando, en realidad, no tienen porqué asear tu habitación. Una buena manera de terminar la entrevista (risas).

 

Tillie Walden firmando ejemplares en el Saló del Cómic 2018