One Two Three Four Ramones

Bruno Cadène, Xavier Bétaucourt y Éric Cartier

[Dibbuks 2018]

La historia del rock ha dejado un buen puñado de historias que merecen ser contadas. Discos giras, éxitos y fracasos, desavenencias entre miembros de la banda, cambios de batería (en serio ¿qué les pasa a los baterías?) y así un largo etcétera. El periodismo musical ha sabido dar buena salida a las biografías de bandas y solistas, igual que el documental e incluso el cine. Cuando escribo esto todavía no se han entregado los Oscar, pero una de las películas favoritas y una de las grandes triunfadoras del pasado año fue un biopic musical. Bohemian Rhapsody sigue arrasando en todo el mundo contando la historia de Freddie Mercury y sus compañeros de banda.

Pero ay, aquí hemos venido a hablar de otra banda: Ramones. Es difícil ver a la banda que nos ocupa protagonizando una película de recaudación multimillonaria para todos los públicos. Eso le pega a Mercury, pero no a los Ramones. La suya, sin duda, es una historia más apta para ser contada en un cómic. Uno caótico y con personajes desgarbados. Y es que los Ramones, a pesar de su condición de grupo fundacional del punk como lo hemos venido entendiendo estos últimos 40 años (o quizás por culpa de ello), nunca gozaron en vida de un solo número 1. Hoy las tiendas de ropa se llenan de camisetas con su célebre logotipo y bandas posteriores reconocen la enorme influencia de los de New York en su música y en la forma de entenderla. Pero lo cierto es que la historia de los Ramones es la de una banda asentada constantemente en el fracaso.

Bibliografía sobre el grupo no falta, desde luego. Da la impresión de que cada paso que dieron los Ramones ha sido ya plasmado en documentales, artículos o libros por fans que han querido dejar constancia de su legado. Los miembros que sobrevivieron los suficiente para darse cuenta de que su historia podía interesar a alguien escribieron sus propias biografías y existen un par de documentales que recogen su historia con bastante precisión y dan voz a todos los implicados.

One two three four Ramones coge todas esas fuentes y crea una historia que repasa la carrera musical del grupo de Queens en formato cómic. Los encargados de hilvanar sus correrías son el periodista Bruno Cadène (Isère, 1963) y el periodista y guionista Xavier Betáucourt (Lille, 1963), y lo hacen centrándose en uno de sus miembros, el bajista Dee Dee Ramone, tal vez el más problemático de todos ellos y el que viviera una vida más turbulenta. Así, la historia va dando saltos entre presente y pasado, desde la infancia y los primeros años de la banda a los últimos díasen los que los cuatro miembros apenas se dirigían la palabra.

Cadène y Betáucourt han sabido imprimir a los personajes de un carácter propio, especialmente Dee Dee, a la práctica el auténtico protagonista del cómic, y Johnny Ramone, guitarrista y mano dura dentro del grupo. Suyas son algunas de las mejores escenas del cómic, en la que su carácter mandón está fielmente reflejado.

Los momentos más conocidos por los fans están allí: los primeros ensayos donde cada uno escogió el instrumento que menos mal se le daba, el productor Phil Spector apuntando a la banda con un revólver, la mala leche de Johnny, el trastorno obsesivo-compulsivo de Joey o el alcoholismo de Marky. Historias ya conocidas para los fans, pero imprescindibles para crear una imagen bastante certera de lo que fue la vida de estos cuatro melenudos para cualquiera que quiera acercarse a ella.

Este ir y venir entre presente y pasado y los obligados saltos temporales (solo la carrera musical de los Ramones ya abarca unos 20 años) hace que la lectura sea en algunos momentos algo confusa. No ayuda un dibujo que, aunque se ajusta perfectamente a la historia y a la estética de la banda, algunas veces es difícil de descifrar. Las caracterizaciones de los distintos personajes son en general buenas, pero en ocasiones se hace difícil saber a qué Ramone estamos viendo. En defensa de Éric Cartier (1957), dibujante de la obra, hay que reconocer que el hecho de que todos los miembros se peinaran y vistieran igual no ayuda nada.

La pregunta es: ¿estamos ante un cómic para fans de los Ramones, o cualquiera puede acercarse a él? Sin duda serán los fans de la banda quienes más disfruten de la obra. Al fin y al cabo es como volver a ver a unos viejos amigos: las viejas historias siguen intactas y uno no se cansa nunca de escucharlas. El cómic incluye como extra un apéndice final que repasa algunos datos de la historia ramoniana página por página, con datos y anécdotas recopilados por los autores. Un detallazo y una gran herramienta para segundas lecturas, aprendiendo un poco más por el camino de los padres del punk.

La relación de los Ramones con el cómic siempre fue muy estrecha. De lectores a protagonistas de sus propias historias. La banda merecía un cómic a la altura de su leyenda y One two three four Ramones es el mejor acercamiento a la banda en viñetas que podemos encontrar ahora mismo. Muchos más vendrán, seguro, porque se trata de un grupo fascinante, de esos cuyos fans se empeñan en mantener el recuerdo vivo, ya sean escritores, cineastas o creadores de cómics.

¡Larga vida a los Ramones! Gabba Gabba Hey!