La magia del orden, una novela ilustrada

Marie Kondo y Yuro Uramoto

[Aguilar 2019]

Diablillo del orden, profetisa de la neguentropía, dominatrix de los enseres, Marie Kondo (Tokio, 1984) ha asaltado las vidas de aquellos que no la conocíamos hace apenas unas semanas gracias a su recién estrenada serie de Netflix ¡A ordenar con Marie Kondo!, tras haber vendido la friolera de ocho millones de su libro de autoayuda La magia del orden (2017) que cuenta – como buen producto nipón – con su correspondiente versión Manga editada, en castellano, por Aguilar y, en catalán, por Ara llibres.

Concebida ya originalmente en formato libro, La Magia del orden: una novela ilustrada presenta una versión dramática de su fuente textual emparentándose, antes que con esta, con su programa de la tele. Significativamente – mientras el intelecto ordenador de KonMari promete en su versión libresca reestablecer la harmonía familiar – su catecismo asceta en viñetas se digiere salpimentado por una mínima trama romántica entre la caprichosa Chiaki Suzuki, comercial de 29 años que “se enamora con facilidad, pero pierde enseguida el interés” y su diligente/atractivo vecino, el premio a conquistar.

fig. 1- Origen del trauma neurótico de Marie Kondo

Los ires y venires de estas tres marionetas se presentan, como si se de un plató de soap-opera se tratase, en constante escorzo frontal a través de una puesta en página optimizada por el algoritmo KonMari al formato bolsillo: dos o tres tiras horizontales segmentadas quizás en dos partes, es decir, unas cinco viñetas por página de promedio que refuerzan el peso de los bustos parlantes (fig. 1).

La dibujante escogida para la tarea Yuko Uramoto (Fukuoka, 1981) se estrena por nuestros pagos – este es su primer Manga publicado en castellano – y casi por igual en Japón donde inició su carrera hace tan solo siete años. Especializada en josei, Historieta por y para mujeres adultas, su estilo esquemático, perfectamente funcional, se alinea con la creciente ascendencia del kodomo infantil sobre los demás estilos del Manga formando una suerte de minimalismo gestual kawaii.

Bien temprano los problemas de espacio resultan familiares para cualquier aficionado al Cómic, cuanto más si se trata de un otaku japonés: sus revistas semanales alcanzan las cuatrocientas páginas y cada serie puede recopilarse a posteriori en decenas de tankobons. Demasiado volumen para el tamaño de sus viviendas en unas ciudades definidas por la intensidad demográfica. Como cualquier coleccionista de Manga sabrá, esto repercute a la baja sobre los precios de sus publicaciones, incomparablemente baratos en relación con las piezas patrimoniales de Estados Unidos y Europa. Es decir – especialmente en cuanto al papel se refiere – el método KonMari tiene cierto sentido en la trama urbana de su propio país, fenómeno quizás extensible a gran parte del extremo oriente. Evidentemente tal argumento se desarma cuando a uno le ofrecen pensamientos como este: “leer te nubla el juicio pues, en vez de preguntarte lo que sientes, empezarás a preguntarte si necesitas ese libro o no”.

fig. 2 – Ojos que no ven…

Como en todo discurso de autoayuda y demás tele-tienda, KonMari ofrece soluciones prácticas y sencillas a problemas sociales complejos aprovechando la mala conciencia de sus espectadores para saltar desde la prescripción a la obligación: el desorden, lo negativo, es disfuncional y debe eliminarse. Así, su promesa mesiánica de “perseguir la felicidad” a través del orden facilitará también, muy importante, más dinero para futuras compras: “después de ordenar y desechar montones de tarjetas de visita algunos clientes hacen nuevas conexiones que les conducen al éxito.”

En sus relaciones con los objetos, Kondo profesa el panpsiquismo, nuestras posesiones se impregnan del alma humana: aparcadas están dormidas, se las despierta dando un aplauso; vestimentas y cachivaches tienen su propia personalidad, suspiran de alivio cuando vuelven a su sitio, reconocen al tacto nuestro amor y, por el contrario, su felicidad se extingue al oprimirlas. Antes de tirarlos a la basura (fig. 2), debemos despedirnos cortésmente de estos objetos y, presumiblemente, también de las personas (que no te hacen feliz).

He aquí el poder de doblar lo prójimo hasta formar con él un rollo de sushi presto a ser descartado u óptimamente almacenado para su futuro uso logístico. Este fetichismo de la mercancía alcanza el clímax quizás con el mimo especial dedicado tanto a la prenda como al complemento favorito de KonMari, respectivamente, las braguitas y el monedero, cuyo parentesco morfológico y funcional salta a la vista.

fig. 3 – Fusato Hirai, La señora consejos (1938)

Si bien, de primeras, la historieta de Marie Kondo y Yuko Uramoto podría inscribirse en la tradición divulgativa del joho manga – inaugurada en 1986 por Shotaro Ishinomori con Japan Inc. – su verdadero antecesor precede, incluso, a la Segunda Guerra Mundial. Durante la primera era Showa, Fusato Hirai (1903-1960) publicaría La señora consejos (Omoitsuki fujin) en el periódico Osaka Asahi Shinbum cuya ama de casa protagonista ofrecía todo tipo de tips and tricks hogareños sobre, por ejemplo, la manera adecuada de ordenar la comida en un moderno refrigerador (Fig. 3).

No obstante ha pasado casi un siglo desde la sobreacumulación fordista del ama de casa. La incorporación al mercado de trabajo oficial ha concedido a las mujeres como Chiaki Suzuki una mayor igualdad y libertad económica pero sin liberarlas de las tareas domésticas, duplicando su carga laboral efectiva. En este sentido, Marie Kondo – tal y como anticipó lúcidamente el arquitecto vasco Iñaki Abalos –  encarna al sujeto del capitalismo tardío que identifica su propio cuerpo con los procesos de medra, atomización, ubicuidad y globalización del capital flexible en conexión al desplazamiento de los flujos socioeconómicos; un modelo que ejemplifica a través del proyecto “La chica nómada de Tokio” de su colega japonés Toyo Ito (fig. 4):

 

fig. 4 -Toyo Ito, Pao I: morada para una mujer nómada de Tokio (1985)

Toyo Ito proyecta unas mínimas y tenues estructuras, prácticamente cabañas o tiendas de campaña, en las que quedaría apenas encerrado el ámbito de la privacidad. En ellas habita una figura emergente y especialmente singular en Japón: una mujer joven, independiente, ociosa y consumista; un sujeto en si mismo banal pero que con su mera presencia pone en cuestión –parasita- la trama social japonesa, altamente jerarquizada, sexista y tradicional…

 

La chica nómada parasita la ciudad –entendida como infraestructura de su ocio o su trabajo- y borra los límites de la casa, de su privacidad, hasta convertirla en un pequeño lugar fragilísimo en el que recomponer la figura y organizar las citas. La casa de la chica nómada ha sido estallada en la ciudad. Su nomadismo es ahora urbano y consumista, ejercido sobre el medio más denso conocido, la ciudad de Tokio. […] La chica nómada es parasitaria porque no produce como los habitantes sedentarios. Pero sin embargo cumple una función en la mecánica del capitalismo post-industrial, pues su consumismo es funcional al sistema: evita la sobreacumulación y regula la fluidez de circulación de las mercancías…

 

Su posición es heterotópica, su mirada es la del mundo visto desde fuera. No habitan propiamente, ocupan provisionalmente. Es en su movilidad, en el trayecto, como estos sujetos pueden registrarse; no hay en su concepción espacial un mundo de fondos y figuras sino fluidez, fugas, continuidad y vórtices. Es la percepción del nómada, un espacio hecho de continuidades y singularidades. […] El lugar de la casa no será más que una densificación del trayecto, un nódulo, un vórtice donde se concentran y pliegan intensidades para definir la expresión mínima del habitar.[1]

Una expresión volátil del capitalismo doméstico flexible ejemplificada por la presencia de un inquietante emblema en la casa de Chiaki: la estantería Billy de Ikea. Frente a ella, KonMari agita su grácil dedo índice apuntando al cielo, sanción que compensa con el valle siniestro de su sonrisa perpetua “ante el insistente rumor de que ella misma sea un robot de limpieza”.[2]

 

 

[1] ABALOS, Iñaki (2000): La buena vida, Barcelona, Gustavo Gili, pp. 151-158.

[2] ARMERO, Ángela (2018): “Marie Kondo recomienda conservar únicamente tres familiares” en El Mundo Today. Disponible online el 18-II- 2019 en https://www.elmundotoday.com/2019/01/marie-kondo-recomienda-conservar-unicamente-tres-familiares/